Saturno devorando a su hijo: significado, análisis y las Pinturas negras de Goya

Saturno devorando a su hijo es una de las catorce Pinturas negras que Francisco de Goya ejecutó entre 1820 y 1823 sobre los muros de su casa a las afueras de Madrid, la Quinta del Sordo. Muestra a un gigante de ojos desorbitados que sostiene un cuerpo humano decapitado y le arranca el brazo con la boca. Se conserva en el Museo del Prado y es la imagen más brutal de toda la pintura española.

Ficha de la obra

Título: Saturno devorando a su hijo (título moderno; Goya no puso nombre a ninguna de las Pinturas negras). Autor: Francisco de Goya. Fecha: 1820-1823. Técnica: pintura mural al óleo, trasladada a lienzo entre 1874 y 1878. Medidas: 143,5 × 81,4 cm. Ubicación: Museo Nacional del Prado, Madrid. Estilo: obra tardía de Goya, en el umbral del Romanticismo.

Qué mirar

  • Los ojos: desorbitados y sin párpado visible, el único punto blanco brillante del cuadro.
  • Las manos, que aprietan el cuerpo hasta hundir los dedos en la carne.
  • El fondo, negro absoluto, sin arquitectura, suelo ni horizonte.
  • El cuerpo devorado: adulto y de proporciones femeninas, no un recién nacido.

Contexto: la Quinta del Sordo

En 1819 Goya compró una finca a orillas del Manzanares conocida como la Quinta del Sordo. Tenía setenta y tres años, había sobrevivido a dos enfermedades graves que lo dejaron sordo, había vivido la Guerra de la Independencia y asistía al regreso del absolutismo con Fernando VII, que perseguía a los liberales del círculo en el que él se movía.

Entre 1820 y 1823 cubrió las paredes de las dos plantas principales de la casa con catorce composiciones pintadas al óleo directamente sobre el revoco. No fueron un encargo ni estaban destinadas a ser expuestas: eran para él. Nadie las mencionó en vida del pintor.

En 1824 Goya se exilió a Burdeos, donde murió en 1828. La casa pasó a su nieto y en 1873 la compró el barón Frédéric Émile d’Erlanger, que ordenó arrancar las pinturas de los muros y trasladarlas a lienzo. La operación, dirigida por Salvador Martínez Cubells, se llevó a cabo entre 1874 y 1878 y provocó pérdidas y repintes considerables. D’Erlanger las presentó en la Exposición Universal de París de 1878 sin encontrar comprador y acabó donándolas al Estado español en 1881.

El mito de Saturno

El asunto procede de la mitología clásica. Advertido de que uno de sus hijos lo destronaría, el titán Crono —Saturno para los romanos— devoraba a cada uno en cuanto nacía. Su esposa Rea salvó al último, Zeus, entregándole en su lugar una piedra envuelta en pañales. Zeus creció y cumplió la profecía.

El tema tenía una tradición pictórica establecida. Rubens lo pintó hacia 1636 para la Torre de la Parada, y su versión colgaba en el Palacio Real de Madrid, donde Goya la conocía bien. Pero las diferencias entre ambas son decisivas: el Saturno de Rubens es un anciano que muerde el pecho de un bebé en un cielo con estrellas; el de Goya es un ser desnudo, encogido y sin edad, en un espacio sin coordenadas.

La víctima tampoco coincide. El cuerpo que Goya devora no es un recién nacido sino un adulto de formas femeninas, ya decapitado y con un brazo arrancado. El pintor se aparta del relato para quedarse solo con el acto.

Descripción y análisis

La figura ocupa casi toda la altura del formato, que es estrecho y vertical porque correspondía a un paño de pared concreto. Emerge de un fondo negro sin ningún elemento que sitúe la escena: no hay suelo, ni muro, ni luz identificable. Solo la carne y la oscuridad.

El gigante aparece en cuclillas, con el torso inclinado hacia delante y las piernas flexionadas. La postura no tiene nada de heroico: es la de un animal que protege su presa. Las manos aprietan el cuerpo con tal fuerza que los dedos se hunden en la carne, y el pulgar izquierdo desaparece dentro de la espalda.

Los ojos son el foco del cuadro. Desmesurados, con el iris rodeado de blanco por completo, no expresan crueldad sino algo más difícil de nombrar: pánico, incomprensión, la conciencia de estar haciendo algo que no se puede detener. La boca abierta continúa esa línea.

La materia es muy libre. Zonas enteras están resueltas con brochazos anchos y raspados, y otras apenas cubren el revoco. Goya trabajaba sin bocetos y a menudo con espátula, sobre una superficie que no exigía acabado porque nadie iba a examinarla.

Significado e interpretaciones

El tiempo que devora

Saturno se identificó desde la Antigüedad tardía con Cronos y, por confusión etimológica, con chronos, el tiempo. De ahí la lectura más clásica: la obra representaría al tiempo que consume todo lo que engendra. Es la interpretación más antigua y también la más abstracta.

El poder que se devora a sí mismo

Una segunda lectura, en clave política, ve en el gigante al Estado absolutista que aniquila a su propio pueblo. Goya pintó las Pinturas negras durante el Trienio Liberal y su previsible final, con la represión de Fernando VII en el horizonte. El conjunto de las catorce composiciones está atravesado por imágenes de multitudes, procesiones y violencia colectiva.

La vejez frente a la juventud

Una tercera vía, biográfica, entiende la obra como imagen del anciano que ve pasar el mundo a otras manos: el padre que no puede aceptar ser sustituido. Goya tenía más de setenta años, estaba sordo, aislado y enfermo cuando la pintó.

Ninguna interpretación excluye a las demás y todas son posteriores al pintor, que no dejó una sola línea explicando lo que había pintado en su casa.

Un dato que cambia la lectura

La fotografía que Jean Laurent tomó de las pinturas murales hacia 1874, antes del traslado a lienzo, muestra diferencias con el cuadro actual. En ella se aprecian en la zona inferior restos de pintura que desaparecieron después, y que algunos estudiosos han interpretado como un pene erecto. Si esa lectura es correcta, la escena añadiría una dimensión sexual que el traslado eliminó.

Las mismas fotografías han alimentado un debate más amplio sobre cuánto de lo que hoy se ve es de Goya. El arranque de los muros, el traslado a lienzo y los repintes de Martínez Cubells alteraron las obras de forma sustancial, y no existe una versión previa que permita medir el alcance de esos cambios.

Por qué es importante

Las Pinturas negras son el primer conjunto de la historia del arte occidental que un pintor realiza sin encargo, sin destinatario y sin intención de mostrarlo. Esa condición —arte hecho para nadie— no se repetiría hasta bien entrado el siglo XX.

Saturno es además la imagen que mejor resume el desplazamiento del monstruo desde el exterior al interior del ser humano. En el arte medieval el mal tenía forma de demonio; aquí tiene forma de padre. Ese giro anticipa la línea que llevará al expresionismo y a buena parte de las vanguardias del siglo XX, que reconocieron en Goya a un precursor directo.

Dónde verla

Se expone en el Museo Nacional del Prado, en Madrid, en la sala dedicada íntegramente a las Pinturas negras, donde las catorce obras se muestran juntas. La disposición actual no reproduce la de la Quinta del Sordo, cuya distribución exacta solo se conoce parcialmente.

Curiosidades

  • Goya no tituló ninguna de las catorce pinturas. Los nombres con que las conocemos se los puso Charles Yriarte en 1867 y los fijó el inventario de 1828 atribuido a Antonio Brugada.
  • La obra no se pintó sobre lienzo sino sobre la pared del comedor de la planta baja de la casa. El lienzo actual es el resultado del arranque del muro.
  • El barón d’Erlanger las llevó a la Exposición Universal de París de 1878 con la intención de venderlas. No hubo un solo comprador, y acabó donándolas al Estado español.
  • La Quinta del Sordo se llamaba así antes de que Goya la comprara, por un propietario anterior que era sordo. La coincidencia con la sordera del pintor es casual.
  • El cuerpo devorado no es el de un bebé, como en la versión de Rubens que Goya conocía, sino el de un adulto ya decapitado. El cambio es del pintor.
  • Las fotografías de Jean Laurent, tomadas antes del traslado a lienzo, son el único testimonio del aspecto original de las pinturas. Documentan diferencias notables con lo que se expone hoy.
  • La casa fue derribada en 1909. En su solar, a orillas del Manzanares, no queda ningún resto.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa Saturno devorando a su hijo?

Admite tres lecturas principales: el tiempo que destruye lo que engendra, el poder absoluto que aniquila a su propio pueblo, y la vejez que se resiste a ser sustituida por la juventud. Goya no dejó ninguna explicación.

¿Por qué se llama Pinturas negras?

Por el predominio de negros, ocres y grises en las catorce composiciones, y por la oscuridad de sus asuntos. El nombre es posterior al pintor.

¿Estaba loco Goya cuando las pintó?

No hay diagnóstico posible a dos siglos de distancia. Sí se sabe que estaba sordo desde 1793, que había sobrevivido a dos enfermedades graves y que vivía aislado en un momento de represión política. Las obras muestran un control técnico evidente.

¿Dónde estaban originalmente?

En los muros de la Quinta del Sordo, la casa que Goya compró en 1819 a las afueras de Madrid. Se arrancaron y trasladaron a lienzo entre 1874 y 1878.

¿Dónde está Saturno devorando a su hijo?

En el Museo Nacional del Prado, Madrid, en la sala de las Pinturas negras.

Para situar la obra puede recorrerse la etapa del Romanticismo y compararse con la otra gran obra goyesca sobre la guerra, El Coloso.

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