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Arte Egipcio

El arte egipcio que ha llegado hasta la actualidad procede principalmente de los monumentos funerarios y está absolutamente condicionado por la creencia de que la vida continua tras la muerte. La arquitectura configuraba la morada eterna del difunto, y la escultura y la pintura cumplían las funciones de asegurar su continuidad física y de rodearlo de todos los placeres de la vida terrenal.

El concepto de arte de los egipcios buscaba la utilidad y la eficiencia más que la belleza. El cambio y la novedad no resultaban interesantes en sí mismos, de manera que el estilo y el lenguaje convencional precozmente instaurados continuaron prácticamente invariables durante sus tres milenios de vigencia.

La arquitectura en el arte egipcio

Se va a caracterizar por dos aspectos esenciales: la utilización de la piedra encuadrada, es decir, cortada geométricamente gracias a profundos conocimientos matemáticos de los que gozó Egipto, y la realización de estructuras adinteladas, lo que da como resultado una arquitectura pétrea de líneas rectas y formas angulosas.

En un principio se emplearon el adobe y la madera que se abandonaron más tarde para construir en piedra estructuras arquitectónicas colosales, que daban idea del increíble dominio y solidez del poder faraónico. Cabe señalar que Egipto desconoce tanto el arco como la bóveda. Las dos tipologías constructivas fundamentales son el templo y la tumba.

Los pesados bloques de piedras con que se construían los templos requerían elementos sustentantes igualmente sólidos, es decir monumentales columnas, que podían llevar capiteles papiriformes (con forma de papiro), lotiformes (con forma de flor de loto), hatoriformes (con la cabeza de la diosa Hathor), etc.

Además de la función constructiva, las columnas egipcias asumen una función decorativa mediante escenas de carácter mitológico o bien textos jeroglíficos, así como elementos decorativos inspirados en la naturaleza. Ejemplos como la flor de loto, el papiro, la palmera, el lirio o animales, muchos de los cuales formaban parte del elenco de deidades que veneraban los egipcios (el buitre, el escarabajo, etc.). Otro elemento que encontraremos frecuentemente en su arquitectura serán las cruces ansadas, símbolo de la vida eterna.

Como vemos, la arquitectura egipcia rebasa por completo la escala humana a diferencia de lo que va a suceder en Grecia y Roma, empequeñeciendo la figura del hombre, haciéndole sentir insignificante y aproximándose a lo sobrenatural que impregna cada una de las manifestaciones y aspectos del pensamiento egipcio.

Características de la arquitectura egipcia

El rasgo más evidente de la arquitectura del Egipto antiguo es el colosalismo, la edificación resulta desproporcionada en relación con la función. Ni se precisaba tal volumen para enterrar en una pirámide a un cadáver del faraón, ni en los templos se congregaban muchedumbres que reclamaran espacios tan vastos. Esto tiene que ver probablemente con la obsesión por la presencia de fuerzas sobrenaturales y por el sueño de la supervivencia.

Es una arquitectura arquitrabada, basada exclusivamente en líneas horizontales y verticales o, como las pirámides, en un dispositivo diagonal. La ausencia de la curva en las estructuras es correlativa con las líneas rectas que delimitan las parcelas agrarias; una vez más el ideal geométrico resplandece en la arquitectura. El máximo problema de este tipo de arquitectura es la elevación del edificio, pero el edificio con la grandeza de los sillares y la disposición diagonal de la pirámide obtuvo medidas hasta entonces nunca alcanzadas.

Templo de Ramsés III

Arquitectura durante el Imperio Antiguo

Los primeros restos de la arquitectura que nos quedan son las mastabas, tumbas en forma de tronco de pirámide de planta rectangular. En su interior se disponía de una pequeña sala en la que se colocaban las ofrendas, una capilla y, bajo tierra, el lugar en que se encontraba la tumba propiamente dicha.

Las mastabas se construyeron en torno al año 3000 a.C. para enterrar a los sacerdotes, nobles, y por supuesto faraones. El deseo de grandeza y la acumulación de poder del faraón hizo que comenzaran a considerarlas insuficientes y a demandar una estructura de mayor complejidad que les distinguiese de los grupos inferiores en la jerarquía social y provocando la superposición de mastabas para distinguir la tumba real.

La mastaba. Es el tipo de sepulcro más antiguo de Egipto, en ellas se enterraban a los faraones de las primeras dinastías y más tarde los grandes dignatarios. Tenían forma de pirámide truncada con un pozo excavado, al fondo del cual estaba la cámara sepulcral. A nivel de tierra tiene una capilla y un pequeño compartimiento con la estatua del muerto.

Es así como surge la pirámide escalonada que se construye a lo largo de todo el Imperio Antiguo. A partir de entonces, la pirámide distingue la tumba faraónica de la de los grandes dignatarios.  La primera es la pirámide escalonada de Sakkara, mandada a realizar por el faraón Zoser. Es el resultado de la superposición de mastabas gradualmente más pequeñas.

El siguiente paso es el de las auténticas pirámides en la que la superficie escalonada es sustituida por una lisa.  A la IV Dinastía corresponden las grandes pirámides de Gizeh, cercanas a El Cairo. La de Keops, Kefrén y Micerinos, siendo la más grande la del faraón Keops. En el interior de todas ellas encontramos dos cámaras, una bajo tierra y la otra en el centro de la estructura pétrea. A estos espacios se accedía a través de estrechos corredores. Las dependencias se sellaban con gruesas lajas de piedra que trataban de impedir inútilmente que fuesen violadas, puesto que los ladrones lograban indefectiblemente entrar y saquear los lujosos ajuares que acompañaban a los difuntos.

Una bella creación del arte egipcio, integrante del conjunto de Keops, es la esfinge de Gizeh realizada en una roca que debió de tener ya un cierto aspecto de león, aunque la posterioridad se le dio una capa de yeso para que tomase la forma deseada. La cabeza estaba inspirada en la del faraón Kefrén y sirve para custodiar permanentemente la necrópolis.

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Esfinge de Gizeh

Arquitectura durante el Imperio Medio

Durante este imperio se construye una nueva forma de enterramiento, los hipogeos, que son tumbas excavadas en la roca. Éstos solían constar de una o varias cámaras que se colocan en profundidad, unas a continuación de otras. Finalmente, los enterramientos se terminaron por excavar directamente en el suelo, perdiendo la magnificencia de las pirámides, de tal modo que era más difícil averiguar su ubicación y, por tanto, era más complicado para que los ladrones pudiesen saquearlas. Así nace el Valle de los Reyes, conjunto en el que, tras la sencillez exterior, se ocultaban impresionantes ajuares funerarios. El tesoro de Tutankhamón ha sido el más valioso de los conservados.

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El Valle de los Reyes

El templo en el mundo egipcio como en Grecia y Roma, no es un espacio al que pueda acceder el pueblo, sino que es un lugar reservado para sacerdotes y, por supuesto, el faraón. Se repite en todos ellos el esquema: la avenida, paseo por el cual se colocaban las esfinges cuya función era la de defender y custodiar la entrada al templo; el obelisco, un pilar aislado por una pequeña pirámide y decorado con jeroglíficos; los pilonos, muros de forma trapezoidal que marcan el ingreso al templo y decorada con relieves alusivos al faraón; el patio, espacio construido con columnas que iban restringiendo el paso al interior del templo; la sala hipóstila, una especie de bosque de columnas muy gruesas colocadas una tras otras creando un espacio casi asfixiante y angosto; y finalmente nos encontramos con la cella, una sala en la que reside la deidad, de menos dimensión que las anteriores y donde sólo podían acceder a ella los sacerdotes y el faraón.

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Avenida de las esfinges. En el camino que une el templo de Lúxor con el de Karnak. El pilono, entrada monumental del templo, estaba precedido por dos obeliscos de los que sólo uno ha permanecido in situ.

Arquitectura durante el Imperio Nuevo

Los templos más interesantes que se conservan son el de Lúxor, el de Horus en Edfú y el de Karnak, todos ellos realizados durante este periodo.

La reina Hatpshepsut mando a construir un singular templo semiexcavado en el lugar en el que cinco siglos antes estuvo el del faraón Mentuhoep, considerado por los historiadores como el fundador del Imperio Medio. Este templo se emplaza en una montaña de tal modo que se produce una absoluta simbiosis entre la arquitectura y la naturaleza. Se accede al interior a través de rampas. En este caso el templo cumple, además una función funeraria. Este tipo de construcciones se denominan speos. De similar característica es el de Abu Simbel custodiado por imágenes colosales del faraón Ramsés II.

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Templo de Ramsés II (Abu Simbel).

Las últimas dinastías, asumen las influencias del arte griego y arte romano, que cristalizan en una disminución de las dimensiones de los templos que pierden el colosalismo de épocas anteriores. Los capiteles adquieren formas más ricas y plásticas. De este momento son las construcciones de Esna o de Philae (Quiosco de Trajano).

Quiosco de Trajano.

La escultura egipcia

Los artistas no buscaban la belleza ni el movimiento – de ahí el marcado estatismo- sino captar la esencia de la persona representada. Aunque tenían un profundo conocimiento de la anatomía, tampoco les preocupaba el naturalismo. Las representaciones seguían al pie de la letra un lenguaje convencional que implicaba idealización, hieratismo, rigidez, formas cúbicas y frontalidad. Los rostros eran inexpresivos, de ojos almendrados y mirada lejana; las articulaciones, rígidas; los brazos se pegaban al torso. Las figuras podían estar de pie o sentadas con las manos en las rodillas, o también organizadas en grupos escultóricos; como iba a ser vistas de frente, según la ley de la frontalidad, a menudo se esculpía el resto de los lados.

Triada de Micerinos.

Por ello, aunque se puede hablar de una evolución experimentada a lo largo de la historia de la escultura egipcia, estos rasgos que se mencionan permanecen más o menos constante en su desarrollo.

El frontalismo, mediante imágenes concebidas para estar vistas de frente y esto se aprecia también en la escultura de bulto redondo puesto que, en muchos casos, se trabaja solamente por la parte delantera quedando casi sin devastar la sección posterior.

El estatismo, como segundo rasgo, originó que la escultura egipcia careciera de recursos para representar el movimiento. Tanto el frontalismo como el estatismo sirven para poner de manifiesto que la escultura, especialmente la exenta, que ha aparecido en las tumbas en la mayor parte de los casos, tenía la función de convertirse en soporte material del alma del difunto cuando faltase su propio cuerpo tras la muerte.

Escriba sentado.

Por último, la rigidez plástica o tratamiento de cuerpo humano al combinar la visión de frente y la de perfil hace que en los relieves y pinturas aparezcan representaciones del cuerpo humano muy forzadas.

La anatomía no se interpreta como un todo en el que las distintas partes se integran orgánica y proporcionadamente, sino que es una suma de las mismas. Tendremos que esperar la llegada del arte griego para hablar de proporciones. Podría decirse que el cuerpo humano parece concebirse como una conjunción de figuras geométricas.

Asimismo, el rostro carece de expresión alguna; es decir muestra un hieratismo marcado, el pelo se representa esquemáticamente y los brazos se disponen a lo largo del cuerpo reforzando la sensación global del estatismo.

Sólo en el periodo de Akhenatón, en la XVIII dinastía, la escultura va a alcanzar un naturalismo excepcional sin precedente alguno.

Escultura durante el Imperio Antiguo

Las primeras manifestaciones escultóricas aparecen en las paletas decoradas con relieves que contenían ungüentos o sustancias para el embellecimiento personal.  La más célebre de todas ellas es la de Narmer, así como los cuchillos con el mango decorado como el de Gebel el-Arak.

Luego se inicia un género que tendrá una importante aceptación posterior, como son las pequeñas esculturas de personajes que realizan actividades de la vida cotidiana denominadas ushebtis: un labrador con el azadón, una mujer haciendo cerveza, otra amasando el pan, el carnicero, etc.

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Ushebtis.

El relieve desempeñará en Egipto un papel fundamental debido a su carácter divulgativo. Se apodera de la arquitectura y llega a recubrir superficies enteras. Los temas que encontramos representados varían, desde escenas de caza protagonizada por el faraón, expediciones enviadas al extranjero o mitología.

Escultura durante el Imperio Medio

Se produce cierta decadencia en el arte egipcio escultórico. En algunos casos el retrato se hace más realista, como en las figuras de Sesostris y Mentuhotep. Aparecen las estatuas-cubo talladas en piedras duras, en las que el cuerpo humano se resuelve como único bloque del que tan sólo se distinguen los pies y la cabeza. En la parte frontal se coloca un texto. Se realizaban de forma seriada.

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Mentuhotep II.

Escultura en el Imperio Nuevo

La imagen del emperador experimenta una cierta idealización. El momento más esplendoroso de este periodo es el que se desarrolla durante el reinado de Akhenatón, en la XVIII dinastía.  Se implantó el monoteísmo, la creencia del dios Atón, deidad que aparece simbolizada por un disco solar del que partían rayos terminados en manos que tocan benefactoramente a la familia real. El cuerpo humano se hizo más naturalista y alejados de la idealización, se llega a representar algunos defectos físicos del retratado (el vientre prominente e hinchado del faraón y la ceguera de algunos músicos que podemos ver en los relieves).

De la misma manera también se detecta en el arte egipcio un importante cambio en la moda y en los gustos estéticos.

El busto de Nefertiti, es una de las obras más conocidas de este momento, así como algunos retratos del faraón y de Tutankhamón, o alguno relieves que plasman escenas de la vida cotidiana de la familia real. Este periodo finaliza con la muerte de Tutankhamón y el traslado de la capital a Tebas.        

La pintura egipcia

Uno de los más sorprendentes descubrimientos de las excavaciones fue el de los frescos que cubren casi totalmente algunas de las tumbas del Valle de los Reyes.

La pintura había sido cultivada con escaso entusiasmo en las primeras dinastías. Es en los hipogeos del Imperio Nuevo, en el Valle de los Reyes, cuando ésta recibe atención y desplaza al relieve, hasta el momento ornamento de los muros.

Las pinturas murales servían para decorar las superficies de las tumbas en las que estaban enterrados los faraones, donde la simplicidad del exterior se paliaba con riquísimos revestimientos en el interior. En todo momento está presente el recuerdo de las ilustraciones del Libro de los Muertos: contornos nítidos, colores intensos y contrastados (ocres sobre fondo amarillo, rojos sobre fondo azul, etc); lienzos de escritura jeroglífica.

El amor a la naturaleza es constante: hojas, espigas, pájaros, peces, crean una atmósfera de oasis. Igual en que en el relieve, la posición de las figuras se define por un frontalismo convencional, en el que se combinan perspectivas del frente y del perfil; torso de frente, piernas, pies y rostro de perfil, ojos alargados, rehuyendo a cualquier efecto de profundidad. En este sentido, el arte egipcio se anticipó en miles de años al cubismo.

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Pintura mural de cámara funeraria.

En los temas se trasluce una alegría que resulta sorprendente en una civilización de tumbas. Escenas de caza o pesca, de fiestas con músicos y bailarinas, los trabajos agrícolas en las diferentes estaciones, los opulentos ritos cortesanos, todo el bullicio de una sociedad que disfruta, se pintan en un recinto funeral, con un deseo tácito de que el difunto goce en la otra vida de todos los placeres y bellezas.

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Sennedjem y su mujer recibiendo una libación de su hijo.

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