El arte bizantino constituye la expresión estética del Imperio romano de Oriente, desde la fundación de Constantinopla en el año 330 hasta la toma de la ciudad por los turcos otomanos en 1453. Sobre una base grecorromana y paleocristiana, y con aportaciones orientalizantes procedentes de la extensión del imperio, desarrolla un lenguaje propio que marcará todo el arte medieval europeo y que pervive hoy en el mundo ortodoxo.
Claves del arte bizantino
Se desarrolla entre los años 330 y 1453, con capital en Constantinopla, y se divide en tres edades de oro separadas por la crisis iconoclasta y por la conquista latina de 1204. Sus rasgos definitorios son la cúpula sobre pechinas apoyada en planta central o de cruz griega, el mosaico de fondo dorado y la figura frontal, jerarquizada y desprovista de referencias espaciales.
Rasgos para identificarlo
- Cúpula sobre pechinas en planta central o de cruz griega.
- Mosaico de teselas vítreas con pan de oro, sin paisaje, sombra ni perspectiva.
- Figuras frontales, de canon alargado y jerarquía de tamaños.
- Exterior de ladrillo sin revestir frente a un interior de mármoles y oro.
Contexto histórico
Constantino traslada en el año 330 la capital del imperio a la antigua colonia griega de Bizancio, refundada como Constantinopla. Su posición entre Europa y Asia, en el paso obligado entre el Mediterráneo y el mar Negro, la convierte en el centro comercial y político de Oriente durante más de un milenio.
Tras la caída del Imperio de Occidente en el 476, la mitad oriental no solo sobrevive sino que se consolida como heredera legítima de Roma. Sus habitantes nunca se llamaron bizantinos: se consideraban romanos, y el término «bizantino» lo acuñó la historiografía alemana del siglo XVI. Esa conciencia de continuidad explica el carácter conservador de su producción artística, entendida como custodia de una tradición y no como campo de innovación.
El imperio conoce tres momentos de esplendor, y el arte los sigue con fidelidad.
Primera Edad de Oro (siglos VI-VIII)
Corresponde al reinado de Justiniano (527-565), que emprende la reconquista de Occidente y convierte Rávena en capital bizantina de Italia. Es el periodo en que se fija el lenguaje del estilo y en que se levanta Santa Sofía, consagrada en el año 537 tras cinco años y diez meses de obra.
Segunda Edad de Oro (siglos IX-XII)
Viene precedida por la querella iconoclasta (726-843), un conflicto de más de un siglo en torno a la licitud de representar lo divino que provoca la destrucción sistemática de imágenes y la persecución del monacato que las defendía. La victoria del bando iconódulo consolida una doctrina decisiva para el arte medieval: la imagen no es el santo, sino una ventana hacia él. De ella deriva un programa iconográfico cerrado, que asigna a cada figura un lugar preciso dentro del templo y que se repite sin variación desde Grecia hasta Rusia.
Tercera Edad de Oro (siglos XIII-XV)
Se inicia tras el paréntesis del Imperio latino, consecuencia del saqueo de Constantinopla por la Cuarta Cruzada en 1204. En un imperio ya en declive, la producción artística adquiere mayor humanidad: las figuras ganan movimiento, los rostros expresión y las composiciones cierta profundidad espacial, como muestran los frescos de San Salvador de Chora. Con la caída de la ciudad en 1453, buena parte de los artistas emigra a Italia, donde el Renacimiento se encuentra en formación.
Características generales del arte bizantino
- Función religiosa y política a la vez. El emperador aparece integrado en el programa sagrado, como intermediario entre Dios y su pueblo.
- Anonimato del artista. No firma ni se considera autor, sino transmisor de un modelo recibido.
- Abstracción del espacio. El fondo dorado suprime paisaje, sombra y perspectiva; las figuras quedan fuera del tiempo y del lugar.
- Jerarquía y frontalidad. El tamaño y la posición dependen de la importancia teológica de cada personaje, no de la distancia al espectador.
- Continuidad del canon. Las fórmulas se repiten durante siglos con variaciones mínimas, porque la fidelidad al modelo es un valor en sí misma.
Arquitectura bizantina
El problema técnico que resuelve la arquitectura bizantina es la colocación de una cúpula circular sobre una planta cuadrada. Roma dominaba la cúpula sobre planta circular, como demuestra el Panteón, pero no había resuelto la transición entre ambas geometrías.
La solución es la pechina, un triángulo esférico que enlaza los ángulos del cuadrado con el anillo de la cúpula y transmite las cargas a cuatro pilares. Su empleo permite abrir ventanas en la base del casquete y generar el efecto de cúpula suspendida que define el interior de Santa Sofía.

Los rasgos que definen la arquitectura bizantina son los siguientes:
- Planta central o de cruz griega, con los cuatro brazos de igual longitud, frente a la cruz latina occidental.
- Cúpula sobre pechinas, a menudo acompañada de semicúpulas que contrarrestan los empujes.
- Muros de ladrillo sin revestimiento exterior, con contrafuertes escasos y una volumetría exterior sobria.
- Interiores revestidos de mármoles polícromos y mosaicos, concebidos como una imagen anticipada del cielo.
- La luz como elemento constructivo, filtrada por ventanas dispuestas en la base de las cúpulas.
Además de Santa Sofía, son obras de referencia San Vital de Rávena, San Marcos de Venecia —donde la planta de cruz griega con cinco cúpulas llega a Italia— y las iglesias monásticas del monte Athos.
Escultura bizantina
La escultura exenta prácticamente desaparece del arte bizantino. La desconfianza hacia el bulto redondo, asociado al ídolo pagano y agudizada por la crisis iconoclasta, reduce la producción escultórica al relieve y a las artes suntuarias.
Se conservan sobre todo relieves en marfil —dípticos consulares, arquetas y placas litúrgicas de talla muy fina—, capiteles de cesta decorados con trépano en labor de encaje, característicos de la primera Edad de Oro, y una orfebrería de esmaltes tabicados que alcanza su ejemplo mayor en la Pala d’Oro de San Marcos.
Pintura y mosaico bizantinos
El mosaico es la técnica que mejor define al estilo. Las teselas de pasta vítrea con lámina de oro no se colocan en un plano regular, sino ligeramente inclinadas y en ángulos distintos, de modo que la luz se refleja de forma desigual y el fondo vibra con el movimiento del espectador.
El fondo dorado no representa un lugar: expresa la ausencia de lugar. De ahí la eliminación del paisaje, de la sombra proyectada y de la perspectiva, recursos que la tradición romana conocía perfectamente y que aquí se descartan por razones teológicas. Los mosaicos del presbiterio de San Vital de Rávena, con las comitivas de Justiniano y Teodora, constituyen el ejemplo canónico: las figuras, frontales y solemnes, no apoyan los pies en el suelo.
El icono
El icono es una tabla pintada al temple sobre madera, generalmente con preparación de yeso y fondo de oro, que responde a un canon estricto: postura frontal, mirada dirigida al espectador, proporciones alargadas y un código cromático fijo en el que el azul designa lo humano y el rojo lo divino. Por ello la Virgen viste manto azul sobre túnica roja y Cristo invierte el orden.
El pintor de iconos no firma su obra ni se considera su autor, sino un intermediario; en griego el icono no se pinta, se escribe.
Difusión e influencia
La cúpula sobre pechinas pasa a San Marcos de Venecia y desde allí a buena parte de Europa. El fondo dorado de los primitivos italianos —Cimabue, Duccio y el primer Giotto— procede directamente de la tradición bizantina. En el ámbito ortodoxo de Rusia y los Balcanes, el canon del icono continúa vigente hasta hoy.
En la península ibérica su influencia se detecta en el arte paleocristiano tardío y en el visigodo, y de manera muy directa en los mosaicos de la mezquita de Córdoba, ejecutados por artesanos enviados desde Constantinopla, como se explica en el artículo sobre arte islámico.
Obras clave del arte bizantino
- Santa Sofía, Estambul (532-537). Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles.
- San Vital, Rávena (siglo VI). Mosaicos de Justiniano y Teodora.
- Mausoleo de Gala Placidia, Rávena (siglo V). Bóveda de cielo estrellado en mosaico.
- San Marcos, Venecia (siglo XI). Planta de cruz griega con cinco cúpulas.
- San Salvador de Chora, Estambul (siglo XIV). Frescos y mosaicos de la tercera Edad de Oro.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo empieza y termina el arte bizantino?
Se extiende desde el año 330, con la fundación de Constantinopla, hasta 1453, año de su conquista por los otomanos. Su influencia continúa después en el arte ortodoxo de Rusia, Grecia y los Balcanes.
¿Qué diferencia hay entre arte bizantino y paleocristiano?
El paleocristiano es anterior y corresponde a una religión primero perseguida y después recién oficializada: emplea la basílica de planta longitudinal y un repertorio simbólico sencillo. El bizantino es un arte de Estado, monumental, de planta central cupulada, con el emperador integrado en el programa sagrado.
¿Qué es una pechina?
Es el triángulo esférico que resuelve la transición entre la planta cuadrada y el anillo circular de la cúpula, transmitiendo las cargas a los cuatro pilares de los ángulos. Su uso generalizado es una aportación bizantina.
¿Por qué las figuras bizantinas se repiten tanto?
Porque tras la crisis iconoclasta se fija un canon iconográfico que asigna a cada figura unos rasgos, unos colores y un gesto determinados. La invención personal del artista no se considera un valor, sino un riesgo doctrinal.
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