Las hilanderas es un óleo sobre lienzo pintado por Diego Velázquez hacia 1655-1660 y conservado en el Museo del Prado. Durante siglos se interpretó como una escena de trabajo en un taller de tapices madrileño. Hoy se lee como la representación de un mito clásico, la fábula de Aracne, disimulado bajo la apariencia de una escena cotidiana. Es la última gran composición del pintor y una de las más complejas de la pintura europea.
Ficha de la obra
Título: Las hilanderas (también La fábula de Aracne). Autor: Diego Velázquez. Fecha: hacia 1655-1660. Técnica: óleo sobre lienzo. Medidas: 220 × 289 cm en su formato actual; el lienzo original de Velázquez medía aproximadamente 167 × 252 cm. Ubicación: Museo Nacional del Prado, Madrid. Estilo: Barroco español, etapa final de Velázquez.
Qué mirar
- Los dos planos: el taller en penumbra en primer término y la sala iluminada del fondo.
- La rueca de la hilandera de la izquierda, cuyos radios desaparecen por el movimiento.
- El tapiz del fondo, que reproduce El rapto de Europa de Tiziano.
- Las franjas añadidas en el siglo XVIII: los bordes superior, izquierdo y derecho no son de Velázquez.
Contexto: la corte de Felipe IV
Velázquez pintó el cuadro en su última década, cuando ya era aposentador mayor de palacio y había realizado sus dos viajes a Italia. En ese momento su pintura había abandonado el acabado minucioso de la juventud para resolverse en manchas de color y contornos disueltos. La obra es contemporánea de Las meninas, con la que comparte la ambición de construir un espacio profundo mediante la luz y no mediante la línea.
La primera mención documentada es de 1664, cuatro años después de la muerte del pintor: figura en el inventario de don Pedro de Arce, montero de Felipe IV, descrita como «la fábula de Aragne». Ese dato es decisivo, porque indica que en el siglo XVII la obra se entendía como pintura mitológica, no como escena de género.
El lienzo sufrió graves daños en el incendio del Alcázar de Madrid de 1734. En la restauración posterior se le añadieron franjas en tres de sus lados, que ampliaron el formato y añadieron el arco de medio punto de la parte superior. Esas zonas no son de Velázquez, y su presencia distorsionó durante siglos la lectura de la composición.
Descripción y composición
El cuadro se organiza en dos ámbitos separados por un escalón de luz. En el primer término, cinco mujeres trabajan en un obrador en penumbra: una anciana hila a la izquierda, una joven devana lana a la derecha con el brazo desnudo y el escote caído, y entre ambas otras figuras recogen madejas y ordenan el suelo. Un gato descansa junto a los ovillos.
Al fondo, elevada y bañada por una luz clara que entra desde la derecha, se abre una segunda sala. Allí tres damas vestidas a la moda contemplan un tapiz ante el que se enfrentan dos figuras: una lleva casco y armadura y alza el brazo; la otra, de espaldas, señala la tela. La transición entre ambos espacios no se produce por perspectiva geométrica sino por contraste lumínico: el fondo está más iluminado que el primer plano, que es lo contrario de lo habitual.
La factura varía según la zona. Las figuras del fondo están resueltas con toques sueltos y casi abocetados; las del primer término, con una materia más densa. El detalle más célebre es la rueca de la anciana: Velázquez no pinta los radios, sino el borrón que producen al girar, resolviendo pictóricamente la representación del movimiento.
Significado: la fábula de Aracne
El relato procede de las Metamorfosis de Ovidio. Aracne, joven tejedora de Lidia, presume de superar a la diosa Atenea y la desafía a un certamen. Atenea teje un tapiz con el castigo de los mortales que osaron desafiar a los dioses; Aracne responde con otro que representa los engaños amorosos de Júpiter, entre ellos el rapto de Europa. La obra de la mortal es técnicamente perfecta, y la diosa, incapaz de encontrarle defecto, la destruye y transforma a Aracne en araña.
Con esa clave, la escena se reordena. La anciana de la rueca es Atenea disfrazada de vieja, tal como aparece en Ovidio; su pierna, joven y firme bajo la falda, delata la transformación. La muchacha que devana es Aracne. En la sala del fondo se representa el desenlace: la figura con casco es Atenea revelada, y el tapiz que las damas contemplan es el que ha tejido Aracne.
Ese tapiz reproduce El rapto de Europa de Tiziano, obra que Velázquez conocía bien porque formaba parte de las colecciones reales. La cita no es casual. Al hacer que el trabajo de Aracne sea una pintura de Tiziano, Velázquez introduce un segundo nivel: el certamen entre la diosa y la mortal se convierte también en una reflexión sobre el arte, sobre la copia y sobre la posición del pintor frente a los maestros que le preceden.
Oficio manual y arte liberal
La lectura del cuadro se completa con una cuestión que preocupó a Velázquez toda su vida: el estatuto social de la pintura. En la España del siglo XVII, pintar se consideraba un oficio mecánico, sujeto a gremios e impuestos, y no un arte liberal. Velázquez litigó para que se le reconociera lo contrario y obtuvo el hábito de Santiago poco antes de morir.
Las hilanderas plantea ese debate en imágenes. El primer plano muestra el trabajo manual: manos, lanas, herramientas, esfuerzo físico. El fondo muestra el resultado contemplado como obra de arte, en una sala noble y ante un público cortesano. Entre uno y otro no hay ruptura sino continuidad: la misma actividad, vista desde dos alturas distintas. El cuadro defiende que del oficio nace el arte.
Por qué es importante
La obra representa el punto más alejado al que llegó Velázquez en la disolución de la forma. La materia pictórica sustituye al dibujo, la luz construye el espacio y el movimiento se representa por su efecto óptico y no por su contorno. Doscientos años más tarde, el Impresionismo reconocería en estos recursos un antecedente directo, y pintores como Manet viajaron a Madrid expresamente para estudiarlos.
Es también un ejemplo mayor de la pintura culta del Barroco: una obra que funciona en dos niveles simultáneos, legible como escena cotidiana para el espectador desprevenido y como alegoría erudita para quien conoce a Ovidio y la colección real.
Dónde verla
Se expone en el Museo Nacional del Prado, en Madrid, en las salas dedicadas a Velázquez. Las franjas añadidas tras el incendio de 1734 siguen visibles y el propio museo las señala en su ficha, de modo que puede compararse el formato actual con el original.
Curiosidades
- Hasta 1948 el cuadro se explicaba como una escena de trabajo en la Real Fábrica de Tapices de Santa Isabel. Fue Diego Angulo quien identificó la fábula de Aracne y cambió por completo su lectura.
- El inventario más antiguo, de 1664, ya la llamaba «la fábula de Aragne»: el asunto mitológico se conocía en el siglo XVII y se olvidó después.
- La rueca de la anciana, pintada como un borrón en lugar de con sus radios, es uno de los primeros intentos conocidos en la pintura europea de representar el desenfoque del movimiento.
- El tapiz del fondo reproduce El rapto de Europa de Tiziano. Rubens había copiado ese mismo cuadro en Madrid en 1628, durante su estancia en la corte.
- El incendio del Alcázar de 1734 obligó a una restauración que añadió franjas en tres lados. El cuadro que se ve hoy es casi medio metro más alto que el que pintó Velázquez.
- La pierna de la anciana que hila es joven y firme. Ese detalle, fácil de pasar por alto, es la pista que delata que se trata de la diosa Atenea disfrazada.
Preguntas frecuentes
¿Qué representa Las hilanderas?
La fábula de Aracne narrada por Ovidio: el certamen de tejido entre la mortal Aracne y la diosa Atenea, y su desenlace. La escena de taller del primer plano es el disfraz cotidiano de ese mito.
¿Quién es la anciana del cuadro?
Atenea disfrazada de vieja, según el relato de las Metamorfosis. La pierna joven que asoma bajo su falda es el indicio que revela su identidad.
¿Qué tapiz aparece al fondo?
Una versión de El rapto de Europa de Tiziano, cuadro que pertenecía a las colecciones reales españolas y que Velázquez conocía de primera mano.
¿Por qué el cuadro es más grande de lo que pintó Velázquez?
Porque se le añadieron franjas en tres lados durante la restauración posterior al incendio del Alcázar de Madrid en 1734, incluido el arco de la parte superior.
¿Dónde está Las hilanderas?
En el Museo Nacional del Prado, Madrid.
Para entender el momento en que se pintó, puede recorrerse la etapa del arte barroco y compararse con la otra gran composición tardía del pintor, Las meninas.
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