El jardín de las delicias es un tríptico pintado al óleo sobre tabla por El Bosco hacia 1490-1500 y conservado en el Museo del Prado. Cerrado muestra el mundo en el tercer día de la Creación; abierto despliega tres escenas sucesivas: el Paraíso, un vergel poblado por centenares de figuras desnudas y el Infierno. Es la obra más comentada del pintor y también la más resistente a una explicación cerrada.
Ficha de la obra
Título: El jardín de las delicias (denominación moderna; en el inventario de El Escorial figuraba como La pintura del madroño). Autor: Hieronymus Bosch, El Bosco. Fecha: hacia 1490-1500. Técnica: óleo sobre tabla de roble. Medidas: 205,6 × 384,9 cm con las alas abiertas. Ubicación: Museo Nacional del Prado, Madrid. Estilo: pintura flamenca de finales del Gótico, en el tránsito hacia el Renacimiento.
Qué mirar
- El exterior en grisalla: una esfera translúcida con la tierra emergiendo de las aguas.
- La fuente de la vida en la tabla izquierda, con la lechuza asomada en su base.
- La cabalgata circular de jinetes en torno al estanque central.
- El hombre-árbol de la tabla derecha, con el rostro vuelto hacia el espectador.
Contexto: Flandes a finales del siglo XV
El Bosco trabajó en Bolduque, ciudad del ducado de Brabante, donde perteneció a la Cofradía de Nuestra Señora. Su pintura se desarrolla en un ambiente de intensa religiosidad urbana, con una literatura devocional muy difundida, sermones sobre los novísimos y una tradición de imágenes marginales heredada de la miniatura y de la escultura de las catedrales góticas.
La obra estuvo documentada en 1517 en el palacio de los condes de Nassau en Bruselas, donde la vio el cronista italiano Antonio de Beatis. Más tarde perteneció a Fernando de Toledo, prior de la Orden de San Juan e hijo natural del duque de Alba, cuyos bienes fueron embargados por Felipe II en 1591. El rey la envió a El Escorial, y de allí pasó al Prado en 1939.
Que un monarca como Felipe II destinara la pintura a un monasterio indica que en el siglo XVI no se leía como una obra herética sino como una advertencia moral. El padre José de Sigüenza, bibliotecario de El Escorial, la defendió por escrito en 1605 diciendo que en ella se pintaba al hombre tal como es por dentro.
Las tablas exteriores: el tercer día
Con el tríptico cerrado, ambas puertas forman una única imagen en grisalla: una esfera transparente que contiene un disco de tierra con vegetación incipiente, agua y una luz gris. En la esquina superior izquierda, una figura diminuta de Dios asiste a la escena junto a dos inscripciones de los Salmos: Ipse dixit et facta sunt e Ipse mandavit et creata sunt.
La ausencia de color, la escala minúscula y el silencio de esta imagen contrastan de forma calculada con la explosión cromática del interior. Abrir el tríptico equivale a pasar del origen del mundo a sus consecuencias.
La tabla izquierda: el Paraíso
En el ala izquierda, Dios presenta Eva a Adán en un paisaje de vegetación exuberante habitado por animales reales y fantásticos. La escena tiene un tono aparentemente sereno, pero incluye ya elementos discordantes: un felino devora a un roedor, aves de distintas especies se agreden, y en el estanque asoman criaturas híbridas.
En el centro se alza la fuente de la vida, una estructura rosada de formas orgánicas, con una lechuza asomada en su cavidad inferior. La lechuza, ave nocturna, aparece con frecuencia en la obra del Bosco asociada a lo que se oculta y al error. Su presencia en el corazón del Paraíso introduce desde el principio una nota de amenaza.
La tabla central: el jardín
La tabla central es la más extensa y la que da nombre al conjunto. En un paisaje organizado en tres franjas horizontales se despliegan centenares de figuras humanas desnudas, blancas y negras, entregadas a actividades que combinan el juego, la danza, el baño y el contacto amoroso, entre frutos gigantescos, aves de gran tamaño y esferas de cristal.
En la franja media, una fila de jinetes cabalga en círculo sobre animales diversos alrededor de un estanque en el que se bañan mujeres. La composición es circular y sin salida: nadie llega a ninguna parte. En la franja superior se elevan cuatro construcciones de aspecto mineral y vegetal en torno a un lago.
Los frutos —fresas, moras, cerezas, madroños— aparecen desproporcionados y son manipulados, ofrecidos y comidos por las figuras. En la tradición moral de la época, el fruto rojo y perecedero simboliza el placer que se consume en un instante y no deja nada. De ahí procede el nombre antiguo del cuadro, La pintura del madroño.
La tabla derecha: el Infierno
El ala derecha invierte todo lo anterior. La luz cálida deja paso a una noche atravesada por incendios; el paisaje vegetal, a una arquitectura de ruinas y máquinas. El castigo se organiza según la lógica del contrapaso: los pecados se castigan con los propios instrumentos con que se cometieron.
Predomina lo que se ha llamado el infierno musical: un arpa que sirve de cruz, un laúd sobre el que yace un condenado, una zanfona, una partitura escrita en las nalgas de una figura y un coro dirigido por un monstruo. La música, entendida en la época como placer de los sentidos, se convierte en instrumento de tormento.
En el centro se alza el hombre-árbol: un tronco hueco con piernas que terminan en barcas, coronado por un disco con una gaita, y con un rostro pálido que mira directamente al espectador. Es la figura más enigmática de la obra y se ha interpretado tradicionalmente como un autorretrato del pintor, sin que existan pruebas.
Significado: las interpretaciones
Lectura moral y penitencial
Es la más aceptada y la más antigua. El tríptico se leería de izquierda a derecha como una advertencia: del origen inocente, la humanidad pasa a la entrega desordenada a los sentidos y de ahí a la condena. Es la lectura que defendió Sigüenza en El Escorial y la que explica que la obra colgara en un monasterio.
Lectura alquímica y astrológica
Otra corriente identifica en las estructuras del cuadro recipientes y operaciones de la alquimia: alambiques, matraces, procesos de destilación y las fases del trabajo alquímico. Explicaría las formas de las torres y de la fuente, aunque no da cuenta del conjunto.
Lectura herética
A mediados del siglo XX se propuso que la tabla central representaba las creencias de una secta libertina, los adamitas o hermanos del libre espíritu, para la cual el desnudo y la unión sexual restauraban la inocencia previa a la caída. La hipótesis ha perdido apoyo por falta de evidencia documental sobre la vinculación del pintor con ese grupo.
El propio Museo del Prado mantiene que ninguna interpretación es concluyente y que la obra conserva zonas sin explicación satisfactoria. Esa apertura forma parte de su naturaleza: el Bosco construyó un repertorio de imágenes que resiste la traducción a un discurso único.
Por qué es importante
El jardín de las delicias es el ejemplo más ambicioso de una pintura que sustituye la narración por la enumeración. En lugar de un episodio con protagonistas, ofrece un inventario de comportamientos donde ninguna figura tiene más peso que otra. Ese procedimiento, unido a la invención de criaturas híbridas, hizo del Bosco una referencia constante para las vanguardias del siglo XX, y en particular para los surrealistas, que reconocieron en él un antecedente del automatismo y del sueño como materia pictórica.
Es también la obra que mejor documenta el fin del mundo medieval: la iconografía procede del Gótico, pero la libertad de invención y la escala del proyecto pertenecen ya a otro tiempo.
Dónde verla
Se expone en el Museo Nacional del Prado, en Madrid, en la sala dedicada al Bosco junto a otras obras del pintor y de su taller. El tríptico se muestra abierto; el exterior en grisalla puede consultarse en la ficha en línea del museo, que permite además ampliar la imagen en alta resolución.
Curiosidades
- El nombre actual es moderno. En los inventarios de El Escorial la obra figuraba como La pintura del madroño, por el fruto que aparece repetido en la tabla central.
- Uno de los condenados del Infierno tiene una partitura musical escrita en las nalgas. En 2014 una estudiante estadounidense la transcribió y la interpretó, y la grabación se difundió por internet como «la música del infierno del Bosco».
- Felipe II compró el tríptico en 1593, en la almoneda de los bienes embargados a Fernando de Toledo, y lo envió al Monasterio de El Escorial.
- El padre José de Sigüenza, bibliotecario de El Escorial, tuvo que defender por escrito en 1605 que la obra no era herética, sino un retrato del hombre tal como es por dentro.
- Las tablas son de roble báltico. La dendrocronología —el estudio de los anillos de la madera— ha permitido acotar la fecha en que se talaron los árboles y, con ello, la datación del tríptico.
- El Prado no lo presta. En 2016, para la gran exposición del quinto centenario del Bosco en su ciudad natal, el museo declinó cederlo por su fragilidad.
- Nadie ha conseguido contar con exactitud cuántas figuras hay en la tabla central. Las estimaciones oscilan entre cuatrocientas y quinientas.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa El jardín de las delicias?
La lectura más aceptada es moral: una advertencia sobre las consecuencias de entregarse a los placeres de los sentidos, ordenada en tres tiempos —Paraíso, pecado, condena—. Existen también lecturas alquímicas y heréticas, ninguna concluyente.
¿Qué representa cada tabla?
La izquierda, el Paraíso con la presentación de Eva a Adán. La central, la humanidad entregada al placer en un vergel. La derecha, el Infierno y el castigo de esos pecados.
¿Qué hay en el exterior del tríptico?
El mundo en el tercer día de la Creación, pintado en grisalla dentro de una esfera transparente, con Dios en la esquina superior izquierda.
¿Quién es el hombre-árbol?
La figura central de la tabla del Infierno: un tronco hueco con piernas en forma de barca y un rostro que mira al espectador. Se ha propuesto que sea un autorretrato del pintor, pero no está demostrado.
¿Dónde está El jardín de las delicias?
En el Museo Nacional del Prado, en Madrid, desde 1939. Antes estuvo en el Monasterio de El Escorial por decisión de Felipe II.
Para situar la obra puede recorrerse la etapa del arte gótico, de la que procede su iconografía, y el Renacimiento, contemporáneo suyo en Italia.
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